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Hermandad

Monumento al Nazareno

Nos miran... nos contemplan curiosos

Estamos acostumbrados a sentir a nuestro alrededor la curiosidad ajena.

Nos miran. Nos contemplan curiosos.

Seguramente casi todos los conquenses se han acostumbrado ya a nuestra presencia. Muchos se efecturaran las mismas preguntas que hace casi tres años nos realizábamos nosotros cuando nos trasladaron a esta bella plaza de la capital conquense. No entendíamos entonces todo cuanto representabamos, ni sentíamos la cercanía del antiguo convento de San Agustín, cuna de la más larga madrugada de Cuenca, y motivo de nuestra ubicación.

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En este tiempo hemos sido testigos de excepción de los desfiles procesionales, hemos contemplado el paso de nuestras cofradías, hemos sido silenciosos confidentes de alegrías y amarguras nazarenas, ante nosotros se han depositado coloristas y alegres ofrendas florales en la Resurrección, y algunos no han podido evitar ver sus ojos humedecidos por nostálgicos recuerdos, inclusive en una ocasión tuvimos que prestar nuestra tulipa para iluminar las sombras nocturnas de un trasnochador.

Han sucedido muchas cosas desde que fuimos empadronados en esta plaza "del nazareno" pero en este tiempo hemos comprendido el porque estamos aquí: nuestra presencia va mucho más allá de la celebración centenaria de una Hermandad, nuestro destino era, es y será recordar a cada nazareno conquense que su presencia, su participación procesional es imprescindible como lo son su respeto, su veneración, su devoción, su humildad, su integración en un fenómeno, que podrá tener muchas connotaciones y diversidades pero que sólo puede fundamentar su futuro en un concepto único: La Semana Santa de Cuenca.

Casi todos los que nos contemplan son conscientes de las dificultades y sufrimientos que han tenido que superar su predecesores y ellos mismo, para que estemos sirviéndoles de recuerdo, pero estasmos seguros que casi ninguno conoce el proceso físico que hizo posible que seamos una realidad.

En principio fuimos una pequeña maqueta, en pasta de poliester, concebida por nuestro escultor (Javier Barrios), sin grandes alardes ni detalles, la única finalidad era poder ser presentada a la Junta General de la Hermandad de San Juan Evangelista, exclusivamente para que pudieran dar su aprobación al proyecto que se desarrollaría posteriormente.

Javier se encargo posteriormente, de darnos forma en barro, a nuestro tamaño actual, más de cien kilos de arcilla fueron necesarios, junto con una tulipa y una horquilla, para que sus manos fueran cada día haciendo realidad su inspiración. Nos modelaba, cambiaba, contemplaba, destruía, creaba, ...y cada día intuíamos el anochecer, cuando con un plástico negro nos cubría y ataba, intentando que el barro conservase algo de humedad para evitar que la sequedad fuese resquebrajandonos. Cada mañana recuperábamos la luz y una ducha de agua fresca flexibilizaba nuestros cuerpos que se ofrendaban nuevamente a las manos de su autor.

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Cuando nuestro escultor, superando sus propios exámenes, se encontró satisfecho con lo realizado, llegaron dos individuos, que se dedicaron a repasar literalmente nuestro aspecto físico. ¡Nos estaban copiando! ¡Sí! Estaban realizando moldes de nuestros cuerpos, trabajaban con escayola y silicona, parcelando y troceando minuciosamente nuestra fisonomía. Contemplamos aterrorizados como estabamos siendo convertidos en un puzzle y así, troceados en pequeñas piezas, abandonamos el barrio Del Castillo donde habíamos sido creados.

Y así, ese barro que durante meses tuvo personalidad propia, que fue nuestra primera imagen, fue amasado y torno a ser, otra vez, barro, simplemente barro.

Cuando las piezas del puzzle llegaron a su destino fueron rellenadas con cera, y emparedadas en hormigón refractario dejando unos pequeños bebederos por los que posteriormente sería desplazada la cera.

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La cera es desalojada de las piezas por el bronce líquido que previamente ha sido fundido a más de 1.000 grados. Cuando el bronce solidifica se pica el hormigón, quedando ya las piezas en bronce siendo chorreadas con arena para quitarles las impurezas que puedan haber quedado del hormigón.

Llegada esta situación soldaron y patinaron las piezas de este puzzle en que nos habían convertido. Y por fin, definitivamente habíamos quedado formando esta pieza inseparable que diariamente contemplan los conquenses. Cogidos por siempre de la mano.

¡Como aquellos a los que representamos!

¿Cómo aquellos a los que representamos?

Texto tomado de revista Cuenca Nazarena 2005.

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