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Procesión

Real, Antiquísima, Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno

En 1662 queda constituida oficialmente esta Hermandad, aun cuando en el año 1645 se libró Provisión para poder formarla, uniéndose en 1707 al Cabildo de San Nicolás de Tolentino, teniendo su sede en el Convento de San Agustín, y pasando a denominarse Cabildo de San Nicolás de Tolentino y Hermandad de Nuestro Padre Jesús.

Tras esta unión, pasa la cofradía a presidir el desfile, ocupando el primer lugar del mismo, llevando el pendón y los cetros, privilegio del que no pueden gozar el resto de las cofradías que lo componen, lleva el pendón el Peostre Hermano Mayor electo, y los cetros el Hermano Mayor y su teniente. El cetro del Hermano Mayor lleva las imágenes de Nuestro Padre Jesús y de San Nicolás.

La Sagrada Imagen es considerada milagrosa "en recuerdo de los numerosos favores y mercedes experimentadas por esta Ciudad en las enfermedades de las gentes y falta de aguas para los campos y otros contratiempos".

Jesús de El Salvador

Fruto de esta devoción es el Pectoral de oro, regalado en 1706 por el Cabildo de la Catedral a la milagrosa efigie, con el encargo del Deán del mismo de que no podría ser enajenado. "Salió en procesión de rogativa la Sagrada Imagen y, al llegar a las puertas de la Catedral, en donde esperaba el Sr. Obispo con su Cabildo, de tal modo impresionó el acto al Prelado, que mandó pusieran en el suelo la imagen, y desprendiéndose de su hermoso pectoral, lo colocó en el cuello de la misma". Este pectoral acompañaba a los hermanos en el trance de la agonía, muriendo adornados y confortados por dicha cruz sobre su pecho. En el mes de julio de 1874 fue sustraída esta preciosa joya por los carlistas en su entrada a la Ciudad.

En 1743 y con motivo de la colocación de la talla en la nueva capilla erigida en el Convento de los Padres Agustinos, solicita la hermandad permiso para, entre otras fiestas, se corran seis toros delante de dicho Convento, obteniendo el correspondiente permiso del Corregidor.

En 1750, D. Alonso Castillejo, religioso y sacristán del Convento, se dirige al Obispado toda vez que se le culpa de haber robado la túnica de Jesús Nazareno que se ha hecho nueva. Dicha túnica le fue entregada por D. Thomas Francisco de Majadas, para la fiesta anual y según el inculpado fue dejada desnuda la Sagrada Imagen por D. Juan Antonio de San Miguel, Hermano Mayor de la Hermandad, quien la llevó a su casa y se niega a entregarla. Se origina un juicio por el acuerdo de la Hermandad de que el Hermano Mayor guarde en su poder ropas y alhajas, en lugar de estar repartidas por las casas de los hermanos. Da lugar a juicios religiosos y civiles, al negarse D. Thomas Francisco a cumplir los acuerdos de la cofradía y como consecuencia a entregar la túnica al Hermano Mayor, solicitando incluso celebrar Junta General con multa de 2 ducados para los no asistentes, con el fin de modificar el primitivo acuerdo; junta que ruega sea celebrada en la Iglesia de El Salvador, por no fiarse de la imparcialidad de la celebrada en la Capilla del Convento.

Ocho hermanos portan el paso en 1778, debiendo cuidarse de las túnicas horquillas, siendo obligatoria la asistencia al desfile, con túnica o sin ella, pero portando vela a su costa.

El Padre Prior del Convento de San Agustín, junto con la totalidad de los frailes, asiste al desfile, rezando y portando velas que les son facilitadas y recogidas al concluir el mismo.

Asiste la Hermandad, en este su primer siglo de existencia, a los entierros con cincuenta velas, bajo la presidencia del Hermano Mayor con cetro, acompañado de doce religiosos del Convento, si el fallecido ha sido Hermano Mayor, y si no lo ha sido, acuden únicamente treinta luces de la hermandad. Los religiosos del Convento son considerados Hermanos Mayores.

El Preostre del Cabildo de San Nicolás de Tolentino y Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús, es escogido anualmente por sorteo. Si el escogido por la suerte no desea ocupar el cargo es expulsado de la cofradía. En la misma junta se nombran los cuatro, o seis, hermanos que salen pidiendo delante del desfile.

Con motivo de la Real Cédula del 20 de Febrero de 1777, en que se prohíbe concurran a las procesiones de Semana Santa disciplinantes y empalados, ni otros espectáculos, la Hermandad solicita se autorice la asistencia al desfile vestido de nazarenos, pues asisten a la procesión y sólo se emplean en alumbrar con velas encendidas, ejecutándose con la mayor compostura y edificación (Juan Antonio López Malo es el encargado de dirigirse al Consejo de Castilla en solicitud de la preceptiva autorización), basándose la misma en la importante disminución en el número de asistentes al desfile, fruto indudablemente del temor que ocasiona la mencionada Cédula.

El vestido de nazareno se reduce únicamente a una decente túnica talar, de holandilla morada y capuz, ceñida con cordón de esparto o hilo, propio del día y preciso a los que conducen a hombros las Santas Efigies y demás insignias a causa de las penosas calles y estrechez de ellas, que no permiten otro traje sin exponerlo a perderse con la cera.

Tras los informes del Corregidor y del Vicario Capitular se da la autorización en Madrid, el 8 de marzo de 1779, si bien se debe ir con el rostro descubierto.

Establece la Constitución número 36 que el Preostre Hermano Mayor, en la madrugada del Viernes Santo, no abrirá la puerta de su casa hasta rayar el día y dará sólo a los hermanos que concurriesen un corto agasajo que sea compatible con el precepto del ayuno.

Son aprobadas las Constituciones por la Hermandad el 14 de mayo de 1778, componiéndose de un total de cincuenta artículos. El 8 de junio de 1781, el Ayuntamiento nombra Comisarios a los Capitulares D. Antonio Clemente y D. Francisco del Castillo, con el destino de estudiar estas constituciones e informar al respecto sobre ellas. El 21 de enero de 1782 informan encontrarlas correctas y conformes, debiéndose añadir a ellas, que se pase nota al Corregidor de la Ciudad, para que si gustase se pasase a presidir las juntas, siendo definitivamente aprobadas el 25 de febrero de 1782.

El Fiscal, en 1783, modifica varios de los artículos de estas Constituciones, resaltando el 24, que trata del nombramiento del Preostre que será, tras la modificación, elegido por mayoría de votos secretos. Igualmente, rectifica el artículo 22, que autorizaba a las mujeres a ser Preostres, entendiendo deben ser excluidas de este y demás oficios. Suprime los artículos 34 y 36, sobre acompañamiento al Preostre hasta su casa y sobre el corto agasajo que antecede al desfile, prohibiendo ambas cosas. Prohíbe también la adquisición de bienes raíces, por no ser necesarios para los fines de la Cofradía.

Hasta la destrucción del Convento de San Agustín, en la parte superior del altar de Nuestro Padre Jesús Nazareno, se encontraba colocada la venerada Imagen del Titular del Cabildo, talla de unos 50 centímetros de altura, privilegio por ser la Cofradía presidente del Cabildo, hecho por el cual en el desfile procesional el clero se situaba detrás de este Paso.

Tras la referida destrucción, pasa la Cofradía a establecer su sede en la Iglesia de El Salvador, ocupando desde un principio la misma capilla que en la actualidad.

El 19 de marzo de 1904, recibe la donación de una nueva talla, "Jesús caído con la Verónica", efectuada por D. Mariano Catalina, quien es nombrado hermano, con los mismos derechos que el resto, pero eximiéndole de toda obligación, participando con ella en el desfile, previa autorización del resto de las cofradías que componen la procesión.

El 29 de abril de 1906, la junta general aprueba nuevos estatutos, por los que se regirá la Cofradía, siendo revisados por el Cura Ecónomo de El Salvador, D. Marcos Herminio Lozano, quien les da el visto bueno el 8 de agosto, posteriormente D. Salvador Dacarret, Fiscal Diocesano las informa favorablemente el 1 de diciembre del mismo año y, definitivamente, son aprobadas y puestas en vigor con fecha 7 de febrero de 1907, por el Chantre D. Manuel Pardo.

Establecen estas constituciones, en su artículo 15, que el segundo domingo de Cuaresma se acordará quiénes llevarán los pasos, prefiriéndose los que voluntariamente se ofrezcan a ello y lo que falten se sortearán.

Al término del desfile, el Hermano Mayor dará parvidad, consistente en alajú y resoli, a la Hermandad y a las autoridades asistentes a la procesión, lo que realizará en una de las salas de la Ermita de Ntra. Sra. de la Esperanza, remitiendo después a cada hermano y hermana la tradicional punta de alajú (Art. 17).

El Art. 18 regula la ayuda que la Hermandad dará al Hermano Mayor para colaborar en los gastos que origine este refresco, consistente en cincuenta pesetas.

Destruidas sus tallas en 1936, celebra la Hermandad su primera reunión el 31 de diciembre de 1939, en la sacristía de la Parroquia de El Salvador. Se nombra en la misma una comisión para contratar con Marco Pérez la construcción de un nuevo paso, con andas incluidas, dos imágenes, todo en un precio de 10.000 pesetas, con el compromiso del escultor de poder desfilar en 1940. Mediante donativos de los cofrades se recaudan 2.246 pesetas. Pero, pese al compromiso adquirido, el escultor, en el mes de febrero de 1940, comunica no tener terminada la talla por falta de dinero, al habérsele remitido únicamente 2.800 pesetas.

La Corporación Municipal ofrece una subvención de 1.000 pesetas para sufragar la talla pero, pese a ello, se ve la imposibilidad de que la misma se encuentre en Cuenca para los desfiles de este año.

Por ello, se dan amplias facultades a la comisión nombrada con el fin de solicitar una talla de algún pueblo de la Provincia y poder, de esta manera, participar en los desfiles procesionales.

A instancias del Ayuntamiento, se abandona esta idea, acordándose hacer la solicitud a la Hermandad de Jesús del Puente, lo que así se realiza. Surgen los problemas tras las reuniones celebradas con dicha Cofradía, al querer algunos hermanos de ella ceder la Imagen pero que sea portada por miembros de la Cofradía de San Antón. Finalmente, y tras varias reuniones, se llega al acuerdo de que sea llevada por hermanos del Jesús de las 6. Al terminar el desfile del Jueves Santo la talla es llevada a hombros, por hermanos de la Hermandad de Puente, hasta la Parroquia de El Salvador, retornando a su sede de San Antón, tras el desfile del Viernes, a hombros de banceros de la Hermandad peticionaria.

La Junta General del 31 de marzo de 1940, acuerda proponer al resto de las Cofradías la constitución de una Junta de Hermandades que las englobe y trabaje por el engrandecimiento de la Semana Santa conquense.

Jesús de El Salvador

El 30 de marzo de 1941, se procedió, en un multitudinario acto en la Iglesia de El Salvador, a la bendición de las tallas de Jesús Nazareno, San Juan y Ntra. Sra. de la Soledad, hermandades tan estrechamente unidas a lo largo de su historia. El acto fue presidido por D. Julián Castellanos Soler, contándose con la presencia de D. Luis Marco Pérez, autor de dos de ellas.

Dieciséis banceros portan el paso en este su primer desfile (desfile que se realiza con la única talla de Jesús), seis de ellos por subasta, al precio de cien pesetas, y el resto por el privilegio adquirido por los banceros antiguos, acordando la junta del 1 de marzo de 1942 desaparezcan estas plazas de banceros, conforme queden vacantes.

Esta misma Junta nos da la primera referencia documental en el seno de la Hermandad de la existencia de los "judíos o borrachos de la Hermandad", facilitándoles una credencial, obligándoles a respetar la compostura e indicándoles su sitio se encuentra en la cabecera del desfile.

En el mismo año, D. Eduardo Palomares solicita se les cedan los derechos que puedan existir sobre el paso de La Verónica, formando nueva Hermandad con autonomía absoluta, lo que no es aceptado.

Para sufragar los gastos de los tambores de las Turbas, se establece una ayuda de 75 pesetas. Estas Turbas son regidas por el Jefe de las Turbas de Clarines y Tambores, que en este año recae en el Secretario de la Hermandad.

Nuevamente, en 1943, la recién constituida Hermandad de la Verónica solicita autorización para incluirse en el desfile de la madrugada del Viernes Santo. Petición nuevamente desestimada, por considerar no se debe de admitir en el desfile ninguna nueva Hermandad, ofreciéndose a adquirirle la talla y a admitir como hermanos a los componentes de la recién creada.

En 1944, y tras recibir la marcha dedicada a la Cofradía, es nombrado Hermano Honorario el maestro Calleja, Director de la Banda Municipal.

En 1945 se desfila por vez primera con el paso completo, al haber entregado Marco Pérez la talla del Cirineo.

Paso de La Caída

En este mismo año se recibe nueva citación de la Hermandad de la Verónica, convocando a Junta en la Parroquia de El Salvador, a celebrar el 6 de enero, no acudiendo a la misma por considerar no compite a esta Hermandad, acordando la Junta del 29 de enero encargar nueva talla a Luis Marco Pérez, del paso de La Caída, para evitar nuevos intentos.

En 1947 se encarga a los Hnos. Pérez del Moral la construcción de un nuevo altar, iniciándose estudios para crear una "Sección Verónica" en el seno de la Hermandad, sección que no se crearía finalmente.

Cuenta la Cofradía con 10 banceros permanentes y 11 preferentes, saliendo el resto a subasta (los primeros abonan 50 pesetas y los segundos 100). Es costumbre que el nuncio lleve las horquillas al domicilio de los banceros.

La Junta del 27 de mayo de 1949 propone confeccione la Hermandad doce túnicas especiales para las turbas, para evitar que otras personas que no tengan esta túnica salgan con tambores y trompetas. Se propone, igualmente, efectuar la distinción mediante unos brazaletes con el escudo de la Hermandad. Es aprobada posteriormente esta última opción en Junta del 10 de julio.

Abre el desfile un hermano tocando una campana, acordándose en Junta de 10 de junio de 1951 adquirir una, pues la que desfila no es propiedad de la Cofradía, si no que es prestada por las hermandades del Jueves Santo. Acuerda suprimir esta costumbre la Junta de 30 de marzo de 1952.

Estudia también la Cofradía la posibilidad de adquirir una túnica para la Sagrada Imagen, propuesta discutida durante varios años, siendo siempre postergada por considerar que, pese a la vistosidad de una túnica de terciopelo, la Imagen perdería mucho en su rica talla, siendo definitivamente abandonada la idea en 1953. También se estudia la posibilidad de suprimir la parvedad con que los hermanos mayores invitan a los hermanos tras el desfile, no aprobándose por estar recogida esta costumbre en los estatutos, encontrándose inclusive autorizada por oficio del Obispado, proponiéndose el pase a otra fecha, lo que es desestimado por la junta general, manteniendo la costumbre.

Año tras año, el secretario de la Hermandad reúne a los componentes de las turbas en su domicilio para marcarles la disciplina, orden y corrección que deben de guardar durante la procesión.

La Junta del 10 de mayo de 1953 nombra la comisión encargada de nueva reforma de los estatutos (serán aprobados en Junta General Extraordinaria del 7 de marzo de 1954 y refrendadas por el Obispo el 2 de diciembre de 1955). En ella se aprueba, igualmente, el presupuesto de 15.000 pesetas presentado por Enrique Jimeno Monrabal, para estofar y policromar la Imagen titular.

En octubre de este mismo año desestima la Junta de Diputación la solicitud de fusión presentada por la Cofradía de la Verónica del Jueves Santo.

En 1955 se dirige a quince imagineros solicitando bocetos y presupuestos para un nuevo grupo escultórico de La Caída, que posteriormente no se realizará.

Surgen problemas con la Junta de Cofradías por la publicación de la memoria realizada por ésta, como consecuencia de las acusaciones que en ella se hace a esta Cofradía en relación con su desfile en 1955, dirigiendo al órgano rector de la Semana Santa escrito de protesta llegando, el 24 de enero de 1956, a retirar la Cofradía a su representante en dicho órgano. No restaurándose las relaciones y la presencia de representante hasta el 13 de febrero de 1957.

La Junta de 2 de octubre de 1956 faculta al Hermano Mayor para conseguir trajes idóneos para uniformar a cuatro guerreros romanos y uno de centurión que inicie el desfile, dando escolta los soldados al paso titular; un año después son diez los romanos.

La anteriormente mencionada posibilidad de cambio del paso de La Caída es desestimada en 1957, aprobándose como más urgentes necesidad el dorado del altar, encargado a Jimeno Monrabal, y la reforma de las andas de La Caída, que se encargan a Apolunio Pérez, restaurándose las tallas de este Paso. Se encarga proyecto para nueva Capilla al arquitecto Sr. Torallas.

En el mismo año se acuerda ampliar el número oficial de turbos (doce hasta este año) en otros doce, familiares de los anteriores, a los que se facilitará credencial como suplentes (se deja constancia de la necesidad de tomar esta medida, en intento de restringir posibles arbitrariedades disciplinarias).

Se intenta, igualmente, la formación de un coro de cantores que acompañen a la Hermandad, cantando el Miserere durante todo el recorrido.

Nuevamente, y tras una recuperación económica, se estudia la posibilidad del cambio del paso de La Caída, surgiendo la polémica al no llegarse a acuerdo de sí se debe de tratar de talla completa o simplemente de vestir. Ante esta falta de acuerdo, la Junta del 4 de mayo de 1958 se pronuncia por la confección de nueva túnica para la talla de Jesús de este paso, que es encargada a las Madres Benedictinas, con un costo de 85.000 pesetas. En Junta posterior, y tras efectuar denuncia del acuerdo anteriormente tomado, al haber votado personas ajenas a la Hermandad, se revoca el mismo, encargando el bordado de la túnica a Dª Encarnación Román y a las mencionadas monjas se les encarga un vestido para la Verónica.

En Junta de 29 de marzo de 1959 regula y reglamenta la presencia de la guardia pretoriana en el desfile y en la Cofradía:

  • Sus miembros son seleccionados previa solicitud y quedan a las órdenes del decurión encargado de ellos.
  • Los nombramientos son nominales, no transferibles, con la única salvedad de poder ser heredables en primera línea de parentesco.
  • Pasan los escogidos a ser miembros de la Hermandad, pero están exentos de cuotas, sin voz ni voto, sin poder ser directivos ni banceros, sin poder participar en el desfile con tulipa ni como componentes de las turbas.

La Junta de 3 de abril de 1960 nombra responsable de las turbas a D. Antonio Benítez, con la orden de que organice las mismas y no admita más participantes de los 24 que poseen credencial, dando un margen máximo de 6 participantes sobre este número, con la consideración de suplentes.

Las andas de La Caída, sustituidas por las realizadas por Apolunio Pérez en 20.000 pesetas, son vendidas en 5.000 pesetas a la Semana Santa de Tarancón.

En 1963, la talla de Jesús del paso de La Caída estrena una corona de oro con potencias, donada por la familia Benítez. Dos años más tarde, se inicia la estudiada reforma de la Capilla.

Continúan los estudios y discusiones para solucionar los constantes problemas originados por las turbas, intentando regularlas tras la Junta del 2 de enero de 1967, en la que se decide uniformar a los participantes, alquilándose las correspondientes túnicas y aprobándose la adquisición, caso de ser positivo el proyecto.

No es el resultado el esperado, por lo que la Cofradía se reúne en Junta General Extraordinaria el 7 de mayo con un único punto en el orden del día, la creación de normas que regulen las turbas, fijándose los siguientes puntos:

  • Nombramiento de un jefe supremo, responsable ante los Hermanos Mayores y autoridades, que respondería de los jefes de secciones nombrados al efecto.
  • Mantener las túnicas de siempre.
  • Número limitado a un máximo de 70 (en principio este punto se propone a la Junta con número limitado de componentes).
  • Agruparlos con denominación conveniente, al igual que en su día se hizo con los hermanos romanos.
  • Las turbas beberán, durante el recorrido, las veces que se acuerde, gasto pagado por los Hermanos Mayores.

Fruto de esta nueva ordenación se intenta, sobre todo, de configurarlas como grupo perfectamente definido y reglamentado, debiendo cumplir los siguientes puntos:

  • Las turbas saldrán a las 4 de la mañana.
  • Para ser turbista nuevo, será necesaria la solicitud firmada por un turbista antiguo.
  • Se realizará un distintivo que señale a los jefes elegidos.

La reforma de la Capilla se ultima con proyecto de Gustavo Torner, financiándose el término de la reparación y embellecimiento, con una cuota extraordinaria de cincuenta pesetas por hermano.

En 1970, la Junta de Cofradías acuerda, con el fin de evitar el problema suscitado año tras año en la entrada de El Salvador, al término del desfile, desviar las turbas antes de la llegada a la Plaza de El Salvador, proyecto que, tras ser aprobado y estudiado, no es puesto en práctica, pues en el momento del desfile se hace imposible realizar el desvío previsto.

La misma Junta de Cofradías, cuatro años más tarde, da el visto bueno a la solicitud de la Hermandad de ampliar el número de turbistas.

En 1975 la Junta de Diputación autoriza el dotar a las turbas de un determinado número de clarines, que irán agrupados en torno al pendón, efectuando los tambores su desfile delante de los clarines y retirándose la credencial a quienes no cumplan este acuerdo. Se adquieren quince clarines, distribuidos al precio de mil setecientas pesetas, pagaderas en doce meses. Se eleva el número de participantes a un máximo de trescientos turbos, a los que se les entregará un carné con fotografía y un brazalete numerado. Se discute igualmente si deben participar con la cara cubierta o descubierta, acordándose esto último.

Se establece en 1976 una cuota por credencial de cien pesetas, destinándose el importe íntegro así recaudado a un donativo entregado en el Asilo de Ancianos Desamparados.

Todas las medidas son infructuosas, aprobando la Junta del 27 de diciembre de 1977 que la Hermandad se desentienda de las turbas, siendo posteriormente anulado este acuerdo, al ir contra los estatutos, que marcan que todos los que tengan credencial pertenecen oficialmente a las mismas.

Tras la reunión celebrada con el Comisario Jefe de Policía en 1978, para estudiar la colaboración de las fuerzas del orden, se publican en El Diario de Cuenca los requisitos necesarios para adquirir la credencial de turbo.

Un año después, la Junta del 1 de abril, ante la evolución del desfile, acuerda la supresión de los romanos en el mismo, así como los bocadillos que se dan a los banceros en el descanso de la Plaza Mayor.

Los problemas originados por el fenómeno turbas preocupan intensamente a la Cofradía, creando un servicio interno de orden en 1981, formado por cuarenta turbos, pero que tampoco consigue el propósito de su creación, por lo que la Junta General de 17 de mayo propone la supresión durante dos años de este fenómeno, propuesta que en principio es aceptada pero, en el transcurso de la misma reunión, se vuelve sobre el problema, desestimando el acuerdo anterior por la importante tradición que las turbas representan. Se estima, como más positivo, la creación de unos estatutos que las regulen, de tal forma que se autogobiernen, pero sin desligarse de esta Cofradía.

En el mismo año se acepta el presupuesto de los Hnos. Pérez del Moral para construcción de nuevas puertas de la Capilla, así como el presentado por el Taller de Ntra. Sra. De la Asunción, de Madrid, propiedad de D. Santiago Lara Molina, por arreglo del mármol y construcción de un confesionario.

Como, pese a las medidas tomadas, el número de turbos se incrementa año tras año, la Junta de 3 de abril de 1982 aprueba retirar las credenciales, manteniendo únicamente las correspondientes a los 32 turbos que figuran en las constituciones, considerando al resto de los que puedan participar como ajenos a la Cofradía y, como consecuencia, como un problema de orden público. Llega a proponerse la inclusión como hermanos de la Cofradía a la Policía Nacional, con el fin de su incorporación al desfile con la concreta misión de ordenar el desfile y la participación de las turbas.

Se decide en el mismo año la decoración de la bóveda de la Capilla, efectuando encargo a D. Víctor de la Vega, con un presupuesto de un millón quinientas mil pesetas. El encargo es realizado por un hermano sin conocimiento ni aprobación de las Juntas General y de Diputación, con el consiguiente escándalo interno cuando la propia directiva se entera del inicio de las obras por la prensa y por preguntas que le son realizadas en la calle, por lo que se decide, ante lo importante de la obra y del presupuesto, convocar Junta General Extraordinaria que, tras la aprobación de la Comisión Diocesana de Arte, acuerda respaldar el proyecto iniciado.

El compositor Julián Aguirre recibe una placa en señal de agradecimiento cuando, en 1983, hace entrega a la Cofradía de la marcha fúnebre que le ha dedicado.

La Junta de Diputación, en Junta Extraordinaria celebrada el 13 de enero de 1984, con la presencia de diecisiete de los veinticuatro turbos reconocidos por la Hermandad, aprueba el Libro de Estatutos de las Turbas, nuevo intento de regular este movimiento, que prácticamente será olvidado hasta finales de 1992; en él se trata únicamente de reflejar los acuerdos sobre "Estatutos para el mejor régimen y más acertado gobierno de las turbas". En su punto primero recoge que con el nombre de "Turbas" se designe a un grupo de personas dependiente de la Hermandad (de ello cabe resaltar que por vez primera se habla de grupo "dependiente", sin la obligación de ser hermano de la Cofradía).

El estatuto noveno de esta regulación establece la existencia de la Junta General de Turbas, que estará compuesta por los Hermanos Mayores de la Hermandad del Jesús y todos los turbos mayores de catorce años. Se establece, igualmente, la existencia de una Junta Regidora, compuesta por los dos Hermanos Mayores de la Cofradía y por siete regidores: tres diputados de la Hermandad y cuatro turbos (tres de ellos serán propuestos por cada una de las familias tradicionales, Patacos, Planchas y Pantaleones).

Por otra parte, la disposición final de este proyecto de estatutos establece que el gobierno de las turbas corresponde única y exclusivamente a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús y, en última instancia, a la Autoridad Eclesiástica, no reconociendo las decisiones que tome cualquier órgano distinto a los citados.

En 1985 se produce un giro en la vida de la Cofradía, durante años centrada en la solución del problema que ocasiona la presencia de las turbas en el desfile que, sin ser olvidado, pasa a un segundo término nombrándose, no obstante, un número de hermanos que voluntariamente se encargan de colaborar en el avance del guión, empujando a aquellos integrantes de las turbas que se empeñan en ocupar e invadir el normal discurrir de la Cofradía.

En el seno de la Cofradía nacen los actos de homenaje al fallecido escultor Luis Marco Pérez, así como la traída de sus restos a Cuenca y la organización de una serie de actos en recuerdo de tan insigne escultor. Esta organización no es correctamente interpretada por parte de los componentes de la Junta de Cofradías, dado que las relaciones entre esta Hermandad y el órgano rector de la Semana Santa conquense se encuentran bastante deterioradas, no reconociéndose en cuanto se debía el esfuerzo realizado en memoria de tan gran escultor.

En el mismo año comienza la Hermandad la edición de "Cuadernos de Semana Santa", publicación destinada a la divulgación nazarena conquense en sus más amplios aspectos. La publicación se realizará igualmente en 1986, suspendiéndose posteriormente y no apareciendo su tercer número hasta 1992.

La restauración del paso de La Caída es realizada por los Hnos. Pérez del Moral en 1985, construyéndole a la Verónica un cuerpo del que carecía que une el busto con las piernas. Las Monjas del Santísimo le confeccionan una nueva túnica.

En 1986 se inician las campañas de divulgación y concienciación que se consideran necesarias para una correcta y necesaria solución al problema de las turbas, pues los diversos estudios y soluciones aplicadas han sido infructuosas, pensándose que la única forma de hacer un desfile organizado es que los integrantes de las turbas tengan pleno conocimiento de su cometido, de su sitio en el desfile y de la importancia que su comportamiento tiene para, inclusive, la continuidad del mismo. Desde esta fecha, se repiten diversas campañas con este fin tanto en prensa como en radio, como edición de pegatinas y folletos explicativos.

Con destino al Paso de La Caída, el hermano Óscar Pinar regala un lienzo don el rostro de Jesús.

En la calle Madre de Dios, en la fachada de la Iglesia de San Andrés, se coloca en 1990 el escudo en piedra de la Hermandad, realizado por los alumnos de la Escuela de Cantería.

En 1991 edita la Cofradía el "Libro del Jesús de las Seis", bajo la dirección de Raúl Torres. En este mismo año, convoca el primer premio de fotografía, cuyo polémico primer premio aglutina no pocas críticas al buen hacer de la Cofradía.

El 31 de agosto de 1991 la prensa lanza a la luz pública la triste noticia del robo sufrido por la Hermandad en los bienes depositados en casa de su Depositario, robo acaecido el 29 del mencionado mes y en el que desaparece el broche que anualmente se pone al paso para el desfile procesional; se trata de una joya de oro, brillantes, zafiros y un topacio con cuatro engastes esmaltados al fuego con atributos de la Pasión, obra de M. Cejalvo, donado a la Cofradía a comienzos del siglo por el hermano José Cobo.

No sólo continúa su labor cultural, si no que la incrementa y, así en 1992 y 1993, reaparece la publicación "Cuadernos de Semana Santa", organizándose, en el primero de los años mencionados, exposición en el antiguo Convento de Carmelitas, de los fondos sobre Semana Santa del Museo de Cuenca, compuesta por maquetas de los escultores conquenses Luis Marco Pérez y Fausto Culebras (aún cuando este último finalmente no tenga ninguna talla procesional en Cuenca, se le recuerda por los bocetos que por distintas razones no llegaron a participar en nuestros desfiles). En 1993 la exposición versa sobre la Semana Santa vista por los pintores conquenses; para llevarla adelante, la Cofradía encarga a los más destacados pintores obra con este tema, consiguiéndose un rotundo éxito, tanto de participación como de visitantes, al contarse con la participación de treinta y cinco reconocidos artistas de nuestra geografía.

No queda ajeno el tema Turbas dentro de la Cofradía, iniciándose un arriesgado y valiente proyecto de autorregulación del grupo Turbas, en intento de elaborar por vez primera un censo de participantes, pasando estos a tener representación en la Junta de Diputación y General de la Hermandad; se numera a los participantes y se les entrega carné y escudo numerados para la perfecta identificación de aquellos que incumplan las normas dictadas en bien de la organización del desfile.

En 1994 promociona la I Muestra Infantil sobre Semana Santa, bajo el título "Los niños de Cuenca con su Semana Santa", con participación de escolares de todos los centros conquenses y con exposición en los salones de la Excma. Diputación Provincial.

En 1995 edita el libro "El rito de las Turbas", estudio del escritor Luis Calvo Cortijo, en un nuevo intento de acercamiento al fenómeno Turbas y al rito del tambor en nuestra geografía. Apertura el libro un saluda de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón quien, con fecha 28 de noviembre de 1994, había aceptado el nombramiento de Hermano Mayor Honorario de la Cofradía conquense, recibiendo posteriormente en audiencia a la Directiva de la Hermandad.

Paralelamente se organiza en le Auditorio de Cuenca exposición fotográfica sobre la Semana Santa, con obra de Carlos Albendea.

El 9 de febrero de 1996 se presenta a Cuenca el importante encargo realizado en 1993 por la Hermandad al compositor Cristóbal Halffter, la obra "Turbas. Nuestro Padre Jesús Nazareno de El Salvador". Esta maravillosa composición será estrenada dentro de las Semanas de Música Religiosa de Cuenca, concretamente el Jueves Santo, día 4 de abril, bajo la dirección del propio autor e interpretada por la Orquesta Sinfónica de Madrid, alcanzando gran éxito, como lo demuestra la gran repercusión que el estreno tiene en la prensa nacional y que los días 29 y 30 de noviembre y el 1 de diciembre de 1996 será estrenada en Madrid, bajo la dirección del propio autor e interpretada, en esta ocasión, por la Orquesta Nacional.

En 1996 recibe la Hermandad la importante y alegre noticia de la recuperación del broche de oro que le había sido sustraído en 1991 y que ha sido entregado a un sacerdote en secreto de confesión.

A través de mi capuz
Antonio Pérez Valero
Publicaciones de la Excma.
Diputación Provincial de Cuenca.
1997