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Procesión

Historia de la procesión "Camino del Calvario"

Indudablemente nos encontramos ante el más tradicional de los desfiles de la Semana Santa Conquense, también el más discutido. Desfile que tanto para propios como para forasteros tiene un llamativo especial, producido tanto por su horario de salida, como por la participación de las populares y populosas turbas. El primer paso que dará origen al desfile es el capítulo agustiniano celebrado en Salamanca, el 1 de mayo de 1585, donde el capítulo intermedio nombro al Padre Fray Antonio de San Román para que plantase el Convento de la Ciudad de Cuenca, sustituyendo al desaparecido en 1504 (Historia del Convento de San Agustín de Salamanca-PMF Thomas de Herrera, Prior de dicho Convento).

La primera referencia procesional data del año 1586 (Mateo López "Memorias Históricas de Cuenca y su Obispado" y Muñoz y Soliva "Episcopologio"), refiriéndonos "En el año 1586 disputaron la preferencia en las procesiones públicas con los PP Trinitarios y la ganaron los Agustinos. Su iglesia era reducida, sin cosa notable que referir a excepción de los Santos Pasos de Jesús Nazareno, El Sto. Cristo de los Espejos, San Juan y Ntra. Sra. Dolorosa" (ver documento).

El mencionado Convento, fundado por los Padres Agustinos Calzados, y situado a extramuros de la ciudad actualmente en la Plaza de Calvo Sotelo (ahora Plaza de la Constitución), era sede del Cabildo del Sacramental de San Nicolás de Tolentino, bajo cuya advocación y presidencia se organiza el desfile.

Vista general de Cuenca en 1773
Vista general de Cuenca (dibujo de Juan de Llanos y Masa, 1773)
Convento de San Nicolás de Tolentino Convento de San Nicolás de Tolentino
Detalle del Convento de San Nicolás de Tolentino

Desgraciadamente la desaparición del Convento, tras la invasión francesa, borra toda referencia de la organización y composición del mencionado desfile, así como de su evolución en los primeros años de su existencia.

En el año 1614, Pedro Melero, Prioste del mencionado Cabildo, junto con varios de los Diputados y Cofrades, se dirigen a Felipe III, para que les autorice "a celebrar el día de Viernes Santo de cada año para siempre jamás por la mañana la procesión de los Nazarenos".

Antigua talla de San Juan

El mencionado Rey el 17 de septiembre del mencionado año, fecha en Madrid y autoriza: "Que no se seguía incombeniente, por no haver en la dicha Ciudad Cofradía ninguna que se hiciese dicha Procesión". "Por lo cual damos licencia y facultad para que podáis fundar y fundéis en el dicho combento de San Agustín de la dicha Ciudad de Cuenca la dicha Cofradía de los Nazarenos" (ver documento).

Pero pese a la Real Autorización, el Provisor de la Ciudad no autorizó el desfile, siendo necesario que por una nueva Real Provisión del 27 de marzo de 1615 refrendara el 30 de abril del mismo año, el Rey ordene de nuevo se cumpla su mandato.

Esta nueva Real Provisión, se produce como consecuencia de la reclamación realizada por Domingo Ochoa de Alarcón en nombre de los priostes y cofrades de la Cofradía de los Nazarenos, indicando en esta reclamación el Cabildo había invertido 600 ducados en los enseres necesarios para la organización del desfile.

En dicha autorización se deja igualmente constancia (y quizás a ello se deba la referencia de Mateo López y de Muñoz y Soliva cuando mencionan disputa por la organización del desfile) que se otorga licencia para la organización en juicio contradictorio con la Vble. Hdad. de la Vera Cruz y Sangre de Cristo, que igualmente había solicitado la organización de procesión de nazarenos.

Podemos por lo tanto pensar que este desfile de los nazarenos, surcó las calles de la ciudad por vez primera en 1616, dando origen a lo que posteriormente se convertiría en la Semana Santa de Cuenca.

Tampoco este desfile es un fenómeno aislado en el conjunto nacional de la Semana Santa, pues su horario es al igual que el de otras ciudades de tradición nazarena, producido como consecuencia de no ser festivos ni Jueves ni Viernes Santos, siendo la mayoría de sus participantes pertenecientes a la clase obrera y como consecuencia adaptándose el horario del desfile para que no entorpezca el horario laboral.

En 1707 se una al mencionado Cabildo la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, pasando desde esta fecha a presidirlo y a denominarse Cabildo de San Nicolás de Tolentino y Hermandad de Jesús Nazareno. (Posiblemente en estas fechas se segregue del Cabildo la Hermandad del Cristo de la Luz), quedando configurado el desfile con las hermandades que en la actualidad lo componen.

La prohibición de los empalados y otros espectáculos, dada en el Pardo el 20 de febrero de 1777 (ver real cédula) por Carlos III, no consigue interrumpir el desfile, si bien si hace decaer la brillantez del mismo y la participación de nazarenos por temor a incumplir la ley.

Desfile anterior a la Guerra Civil

Para evitar esta decadencia, inicia el Cabildo-Hermandad una serie de instancias (ver documento) dirigidas al Consejo de Castilla, consiguiendo definitivamente que el 8 de marzo de 1779, se autorice mantener la uniformidad de nazareno y que la mencionada prohibición únicamente afecte al desfile en cuanto a no poder llevar cubierto el rostro.

Tras la guerra de la Independencia y la mencionada destrucción del Convento, las Imágenes se trasladan a la Parroquia de El Salvador, retornando circunstancialmente a su sede de origen, según acta (para enlazar) del 24 de agosto de 1816 que figura en los libros de la Hermandad de San Juan Apóstol: "Día de San Bartolomé, se formó una solemne procesión de la Parroquia de El Salvador, de curas, beneficiados, religiosos de todas las Hermandades, autoridades eclesiásticas y reales y Hermandades sitas en San Agustín; llevaron en procesión a Jesús Nazareno, Cristo Crucificado, titulado de la Luz, La Soledad y el Apóstol San Juan. Los que llevaban los pasos iban vestidos de nazareno, como el Viernes Santo. La carrera fue subir al Peso Real, bajar por la Trinidad al Convento, donde se canto un Tedeum, y al domingo siguiente una solemne función en acción de gracias por la colocación de los pasos que desde 1812 estaban depositados en la Parroquia de El Salvador, con motivo de que las tropas francesas, que en aquella época dominaban, destrozaron algunos e hicieron otros daños, y aun las imágenes hubieran sido quemadas al no subirlas a la Parroquia; predico el R.P. Fray Domingo, Ministro del Convento de la Trinidad" (ver referencia en el libro de actas).

San Juan y la Turba

El desfile transcurre inalterable, hasta que al mismo tiempo se incorporan las mencionadas Turbas, desconociéndose el momento en que pasan a ser parte del desfile, por la escasa documentación existente de esta manifestación popular:

Para algunos autores debemos remontarnos al llamado Motín del Tío Corujo, como primera manifestación que posteriormente desembocara en la participación en el desfile.

Lucas Aledón (Turbas) data su origen en los acompañamientos musicales de las manifestaciones populares, o bien, en las representaciones pasionales donde el grupo que precede al reo profería frases injuriosas y al saltar estas representaciones a la calle se incorporara al desfile un grupo con este fin.

Las disposiciones del Rey Carlos III en 1778 ordenando la uniformidad de los nazarenos, una discriminación hacia quienes no podían costearse la uniformidad provocando la escisión de un grupo que, fuera de la procesión, precedían a la misma, burlando mas a los cofrades uniformados que al propio paso (Semana Santa de Cuenca-Publicón).

Miguel A. Monedero (Cuadernos de Semana Santa) nos describe lo que para José Ramón Zomeño podría ser origen de este grupo, basándolo en una especie de contestación de las hermandades del Viernes Santo a los privilegios de la Hdad. del Jesús, enviando cada una, dos o tres cofrades, con túnicas de su hermandad y a cara descubierta con tambores y clarines destemplados, perpetuándose esta costumbre posteriormente.

Este mismo autor considera impensable esta manifestación con anterioridad al siglo XIX.

Y al menos documentalmente así hemos de considerarlo, únicamente y más concretamente, en las actas de la Hdad. de San Juan Evangelista se hace referencia al "remate del tambor" ya en el siglo XVIII (ver referencias en el libro de actas), pero textualmente se refiere a un tambor que debía ser el acompañamiento musical del paso.

No encontraremos ninguna referencia real hasta el siglo actual, iniciándose simplemente como banda de cornetas y tambores organizada por José Cobo, con la peculiaridad de sus toques destemplados. Para algunos investigadores, en su origen con un gran paralelismo a los toques de atención militares (clarines) y a las cajas destempladas para despedir a los reos (tambores).

Quizás lo más cercano a la realidad, sea la organización de una banda de cornetas y tambores, organizada por José Cobo, quien a su vez nombra jefe de turbas (Bernabé Aguilar, quien realiza el control de los turbos mientras porta el guión de la Hdad. de San Juan Evangelista, lo que indudablemente también nos lleva a pensar en una participación perfectamente organizada) a principios del siglo XX, coincidiendo con el resurgir nazareno ya comentado, y la peculiaridad de sus sonidos e instrumentación debida exclusivamente a la penuria económica que impedía la adquisición de instrumental, olvidándonos de emotivas leyendas (durante años sobresalía en el grupo de clarines un miembro de la familia de los Patacos, porque asistía a su cita anual con un clarín del que había conseguido apropiarse durante su servicio militar).

Posiblemente pudiéramos como contrapartida remontarnos a los desfiles de flagelantes y disciplinantes, que concretamente en Valladolid iniciaban su desfile a principios del siglo XVII "con dos trompetas destempladas con los rostros cubiertos y enlutados, que mueven a mucha compasión y tristeza".

A principios del siglo actual nos encontramos con un grupo de doce turbos, siempre integrantes de las mismas familias conquenses, "Patacos"; "Planchas"; "Pantaleones", que participan previo pago por su colaboración, perfectamente organizados en grupos, bajo la dirección de sus respectivos jefes y cuya participación es generalmente mal vista por el resto de la sociedad conquense.

"Amanece. De la calle asciende un clamor extraño: lamentos y alaridos; trompetazos del Juicio Final. Esta bullanga es lúgubre, torturadora, apocalíptica, trágica. Simboliza en esa forma demoníaca la desolación de la muerte de Cristo en la Cruz. Y diríase que el drama acaba de ocurrir". Así nos define el desfile Carlos Morla Lynch en su libro "En España con Federico García Lorca".

Antigua talla de San Juan

La integración en este grupo a finales de la década de los cuarenta de miembros de esferas sociales más elevadas, irá progresivamente desvirtuando su organización, aumentando el número de sus participantes, que llega a ser totalmente incontrolable, efectuando su desfile de forma totalmente anárquica y consiguiendo esta tradición se convierta en la más discutidas de cuantas existen en la Ciudad.

En 1955 la Junta de Cofradías solicita a las Hermandades componentes del desfile estudien la posibilidad de cambiar el sentido del mismo "con lo cual se ganaría tipismo al amanecer por la parte antigua de la Ciudad y se pasaría por la parte baja, con mayor solemnidad", siendo categóricamente desestimado el proyecto por las Cofradías.

El 24 de febrero de 1960 la Junta de Cofradías, en votación secreta, aprueba el cambio de sentido del desfile, por 16 votos a favor y 8 en contra, comunicándolo a las hermandades componentes del desfile en oficio del 26 del mismo mes, por ese solo año y por vía de ensayo, cambio que es incluso autorizado por el Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis, basándose principalmente para esta medida en dos hechos: El deplorable espectáculo que se da en la Plaza Mayor en el descanso y el taponamiento que se produce en la Iglesia de El Salvador con la entrada y salida simultanea de dos procesiones.

Se da un plazo a la Cofradías de este desfile para hasta el 24 de marzo presentar sugerencias tendentes a la solución de estos problemas, para efectuar el dictamen final.

No tardan las hermandades en dirigir su protesta a la Junta, tanto por lo arbitrario de la medida aprobada, como por las acusaciones de que son objeto, al haberse producido los altercados más graves en el descanso del desfile del Jueves Santo y al ser producidos por individuos ajenos a las hermandades, por los que deben ser solucionados por agentes del orden público.

La Hermandad de San Juan Evangelista dirige extenso oficio a la Junta, que inmediatamente es asumido por las otras dos hermandades que componen el desfile:

En primer lugar se analiza en el mismo lo nulo de la solución planteada por la Junta, al tener su salida dos hermandades (del desfile En el Calvario) de la iglesia de San Esteban, pues si inician su salida antes de llegar el desfile de las seis a la Plaza del Generalísimo, ambas Cofradías desfilarían por delante de él, produciendo aun mayor taponamiento en los alrededores de El Salvador. Si inician su salida después del paso del desfile Camino del Calvario, el retraso sería aun mayor que el que motiva el cambio propuesto por la Junta, con lo cual se agravaría el problema.

Ante estas objeciones la Junta desiste del acuerdo tomado.

La propuesta efectuada en este mismo escrito, es que ambas procesiones efectúen una parte de su recorrido de forma conjunta, más concretamente el situado entre la calle del Peso y la Plaza Mayor. Al llegar el desfile de las 6 de la mañana, a la primera de las mencionadas, se incorporaría tras él, el desfile de las 11, efectuando el descanso de forma conjunta en la Plaza Mayor, de donde partiría el desfile Camino del Calvario, hacia su Parroquia de origen, mientras que tras un breve periodo de tiempo el desfile en el Calvario iniciaría igualmente el descenso hacia la parte baja de la ciudad, ya con su configuración habitual.

San Juan subiendo por Alfonso VIII

En 1991 y por iniciativa de la Hermandad del Jesús, se decide contratar nuevamente una "guardia pretoriana" si bien su destino no será el escoltar la talla del Nazareno, sino que su presencia es requerida como fuerza de seguridad, en intento de conseguir que los turbos ocupen el lugar para ellos establecido en el desfile sin invadir el resto de la procesión, y por otro lado con la misión de hacer avanzar a la turba, para evitar nuevos deterioros en los horarios, acordándose paralelamente con la autoridad civil una serie de medidas evitándose posibles accidentes y aglomeraciones en distintos puntos del recorrido y principalmente en el inicio del desfile en la Plaza de El Salvador, donde a primeras horas de la madrugada, se concentra tal cantidad de personal que son totalmente imprevisibles las consecuencias de cualquier accidente fortuito que pudiera acaecer, limitándose el acceso a los alrededores de la Parroquia de El Salvador una hora antes de la salida del desfile. Las medidas de seguridad contratadas para agilizar el desfile producen un rotundo éxito, por lo que para 1992 las tres hermandades que lo componen, deciden mantener esta contratación, si bien en esta ocasión no pueden conseguirse los fines perseguidos (el desfile ha partido nuevamente a su hora tradicional, las seis de la mañana) pero todas las previsiones se desbordan en este año no pudiendo los medios de seguridad cumplir con el compromiso adquirido (prensa y orden público calculan una participación en las turbas de entre 6.500 y 7.000 personas).

La fuerte polémica surgida como consecuencia del retraso producido en 1992, incrementa los ánimos de solución al problema, llegándose al acuerdo de iniciar el censo de las turbas (a iniciativa de participantes en ellas), lo que a lo largo del año propicia innumerables reuniones de las hermandades con el grupo turbas, desembocando en 1993, en una afiliación con compromiso de cumplimiento de determinadas normas de obligado cumplimiento en que los participantes de las turbas se comprometen a un determinado comportamiento, pudiendo ser expulsados del proyecto de asociación de turbos, si no cumplen el compromiso adquirido.

Viene siendo habitual en el mismo la presencia de numerosos controles de seguridad, necesarios por el elevado número de visitantes que buscando como pretexto este desfile, acuden a la ciudad, no con el ánimo de contemplarlo participando en él como espectadores, sino buscando simplemente diversión, convirtiendo esta noche conquense en motivo de reflexión para muchos nazarenos, siendo origen de fuertes polémicas, que en ocasiones han hecho peligrar incluso la existencia del desfile, pero que siempre han sido considerados estos actos nocturnos como problema de orden público, totalmente ajeno a la organización de la procesión.

Mientras, en 1905, se incorpora al desfile el paso de "La Caída" integrado en la Ilustre Hdad. de Ntro. Padre Jesús Nazareno y en 1987 el paso de "El Encuentro de Jesús y la Virgen camino del Calvario" de la Vble. Hdad. de Ntra. Sra. de la Soledad.

La "Procesión de los Nazarenos"; "Procesión de las Injurias"; "Procesión del Amanecer"; "Procesión Camino del Calvario" (así se ha llamado a lo largo de sus cuatro siglos de existencia) acude año tras año a su cita con la historia, teniendo su origen en la Parroquia de El Salvador, para acceder a la Plaza Mayor tras discurrir por la parte baja de la ciudad, retornando a su parroquia de origen avanzada la mañana.

Los esfuerzos por mantener la organización y los horarios del Viernes Santo, producen año tras año, resultados alternativos, tan desconcertantes como el propio desfile; mientras se observa una evolución positiva en el comportamiento de los participantes en el grupo Turbas, simultáneamente (1996) se produce nuevamente un gran retraso en el horario del desfile; lo que origina nuevamente enfrentamientos en el seno de la Junta de Cofradías, manteniéndose latentes los problemas originados por este significativo desfile conquense.

A través de mi capuz
Antonio Pérez Valero
Publicaciones de la Excma.
Diputación Provincial de Cuenca.
1997